Son cinco. Los vimos cuando volvíamos a casa, después de las vacaciones. Cinco soldados alpinos con uniforme, armas y vehículo 4x4 oficial. Estaban apostados en la plaza frente a la sinagoga, haciéndoles compañía a los dos policías de todos los días, que están siempre con la patrulla. No sabemos qué día llegaron. Pero siguen ahí. Todos los días, a dos cuadras de casa, al alcance de la vista si nos asomamos al balcón. Dos cuadras más allá, otros dos soldados alpinos, sin el vehículo, pero con las armas de cuello largo en las manos. Y dos cuadras más lejos aún, otra pareja de policías. Es que vivimos en una zona sensible. En una de las zonas más peligrosas de la ciudad. Un barrio lleno de extranjeros; de árabes, de negros y de latinoamericanos. El Gobierno no sabe cuántos de ellos no tengan papeles. Y para como están las cosas hoy día, son todos criminales que lastiman a este país. Berlusconi lo prometió
el año pasado. Y ha cumplido su palabra. El extranjero sin papeles es un delincuente. Ya es ley.
El discutido -por la prensa extranjera, principalmente- "paquete de seguridad" fue aprobado por el Senado.
Inmigración
- Multa de entre 5.000 y 10.000 euros para los sin papeles, que deberán afrontar un proceso y podrán ser expulsados de forma directa.
- Se amplía de dos a seis meses el tiempo de retención de los inmigrantes en los centros de identificación y expulsión.
- Se fija la obligación de estar en posesión de documentos en regla para poder acceder a las oficinas públicas.
- Los ciudadanos italianos que alquilen una casa a inmigrantes indocumentados serán castigados con una pena de cárcel de entre seis meses y tres años.
- Se endurecen los requisitos para obtener la nacionalidad italiana a través del matrimonio.
Vigilancia en las calles
- Se instituyen las patrullas ciudadanas. Los alcaldes podrán contar con las rondas de voluntarios en apoyo a la vigilancia de policías y militares en las calles. Las asociaciones no podrán ser financiadas por grupos o partidos políticos. Los vigilantes no podrán llevar armas ni formar grupos de más de tres personas.
- Se crea un registro oficial para censar a indigentes sin hogar y mendigos.
Amnistía Internacional había pedido al Senado rechazar la ley. Un par de razones dieron. Que los funcionarios y empleados del sector público "serán obligados" a denunciar a inmigrantes ilegales o, de lo contrario, incurrirán en un delito, explicó. El miedo a ser denunciados, impedirá a los inmigrantes irregulares el acceso a las escuelas, los hospitales y la protección de las fuerzas de seguridad, así como el registro del nacimiento de sus hijos.
"Los estados tienen la autoridad y el deber de controlar la inmigración, pero no deben hacerlo a costa de los derechos humanos, incluido el derecho a la sanidad, la educación y el registro del nacimiento de inmigrantes irregulares". Sobre las "patrullas ciudadanas", han dicho que pueden desembocar en "hostigamientos y abusos que incluso pueden ser delitos". AI teme que esas patrullas puedan cebarse con los gitanos y extranjeros, que ya han sido objeto de ataques en Italia por parte de grupos de ciudadanos organizados. Las personas "sin techo" o que vivan en casas móviles, como muchos inmigrantes irregulares y gitanos, serán retiradas de los registros municipales, lo que minará su acceso a la asistencia social y sanitaria, la educación y las viviendas de protección oficial.
Oídos sordos del gobierno italiano.
El paso siguiente: la "operación calles seguras". 1.250 soldados más en las calles de las grandes ciudades. 4.250 soldados junto a la policía. Un año más de
"misión". Pero eso sí, evitan -nos hacen saber los medios- "los lugares más turísticos". Quizás sea porque en tiempos de paz, el ejército, normalmente, no ocupa las calles. Y apelar a que hay "demasiados extracomunitarios" no es siquiera una razón.
Funciona. Funciona de maravilla.
Salir a comprar un kilo de cebolla y toparse con cinco militares armados, dos policías, un coche militar y una patrulla ocupando una plaza minúscula, te hace sentir que algo no está bien. Que en cualquier momento se pone peor. Que más vale agachar la cabeza. Caminar veloz. No salir de casa.
Ya no es la fe. Es el miedo, el que mueve montañas.